miércoles, 1 de agosto de 2012

Despierta amigo, abandona la infancia (Parte VII)

“Como sobre el mar embravecido y sin límites, que levanta y abate rugiendo montañas de agua, el hombre navega confiado en su frágil embarcación. De la misma manera, la humanidad está tranquila en medio de un mundo de tormentos, apoyándose confiada en el principium individuationis”








Arthur Schopenhauer. 
El mundo como voluntad y representación.

miércoles, 25 de julio de 2012

Despierta amigo, abandona la infancia (Parte VI)


El conocimiento en general, lo mismo el racional que el puramente intuitivo, brota originariamente de la misma voluntad y forma parte de la esencia de las fases más altas de su objetivación como una nueva mejané ; como medio para la conservación del individuo y de la especie, ni más ni menos que cualquier órgano del cuerpo.
Por consiguiente, el conocimiento está desde sus orígenes determinado al servicio de la voluntad para la consecución de sus propios fines y permanece a su servicio casi en todos los casos; lo mismo ocurre con los animales y, poco más o menos en todos los hombres. 

Arthur Schopenhauer. 
El mundo como voluntad y representación.

martes, 17 de julio de 2012

Despierta amigo, abandona la infancia (Parte V)


"Los hombres son marionetas, que no se ven izadas por hilos externos, sino accionadas por una maquinaria interna; de allí que, al espectador externo, sus movimientos le resulten inexplicables ... Esta maquinaria es la voluntad de vivir: un impulso tan irracional como infatigable, algo respecto a lo cual, el mundo externo carece de cualquier explicación o justificación que posea una razón suficiente. Se trata del deus ex machina. Dicha voluntad es la que hace moverse a estas marionetas —aun cuando parezcan atraídas por los objetos, los cuales no poseen fuerza para ello— y las mantiene firmemente sobre un escenario del que harían mutis por el foro en cualquier instante. 
Los objetos externos, en cuanto motivos, determinan únicamente la dirección del movimiento de tales títeres, pero, en modo alguno procuran la razón suficiente del movimiento mismo, pues de lo contrario la causa no se compadecería para nada con el efecto. De todo esto se desprende que la vida no compensa tomarse tantas molestias y que, por lo tanto, ella misma no puede ser la meta."

Arthur Schopenhauer. 
El mundo como voluntad y representación.

domingo, 1 de julio de 2012

Despierta amigo, abandona la infancia (Parte IV)


"... el impulso sexual es el más intenso de nuestros apetitos, el deseo de los deseos, el foco del querer; todo nuestro propio querer in nuce y sus motivos eclipsan a todos los demás. Tal como la correspondiente satisfacción del mismo constituye para nuestro deseo individual el apogeo, la coronación, el objetivo último de todos nuestros afanes naturales, con cuya consecución todo queda logrado y con cuya frustración todo queda malogrado... 
De esta manera, el cuerpo es el lugar de origen de todas las representaciones que emergen como una masa abigarrada de deseos, impulsos, actos reflejos y reacciones, y que sólo después de hacerlo, es decir, a posteriori, son representadas en la conciencia. 
... mi cuerpo y mi voluntad son una misma cosa; o lo que yo llamo representación intuitiva de mi cuerpo, lo llamo así en cuanto adquiero conciencia de éste por una vía completamente distinta e incomparable: mi voluntad. O mi cuerpo es la objetivación de mi voluntad o, mi cuerpo, aparte de ser una de mis representaciones, es a la vez mi voluntad." 

Arthur Schopenhauer. 
El mundo como voluntad y representación.

lunes, 25 de junio de 2012

Despierta amigo, abandona la infancia (Parte III)


“... comparemos nuestra conciencia con una capa de agua de cierta profundidad. Las ideas claramente conscientes son, nada más que la superficie, la masa de agua es lo indistinto: los sentimientos, la sensación posterior a las percepciones, las intuiciones y, aquello que experimentamos en general ... Esta masa de la totalidad de la conciencia está en movimiento constante, en proporción a la vivacidad intelectual y a las diáfanas representaciones de la imaginación, las ideas claras expresadas en palabras y las resoluciones de la voluntad son lo que llega a la superficie a consecuencia de este movimiento. Todo el proceso de nuestro pensamiento y nuestras decisiones raramente yace en la superficie, es decir, rara vez se compone de una concatenación de juicios claramente concebidos, a pesar de que aspiramos a ello, con el fin de darnos una explicación a nosotros mismos y a otras personas. Pero, generalmente, la reflexión sobre el material del exterior, mediante la cual dicho material se convierte en ideas, tiene lugar en las oscuras profundidades de la mente. Esta reflexión se produce casi tan inconscientemente como la conversión del alimento en los bosques y en las sustancias del cuerpo. De ahí que, a menudo, seamos incapaces de explicar el origen de nuestros más profundos sentimientos; son fruto de nuestro ser íntimo y misterioso. Los juicios, las ideas repentinas, las resoluciones, emergen de esas profundidades, inesperadamente, para nuestro propio asombro... 

... La conciencia es la mera superficie de nuestra mente y, de ella, como del globo terráqueo, no conocemos el interior sino sólo la superficie... 
... Muchas veces no sabemos lo que deseamos o tememos. Podemos tener un deseo durante años sin que nosotros mismos lo admitamos o, sin que nos permitamos siquiera ser plenamente conscientes al respecto, porque el intelecto no debe saber nada de él, dado que la buena opinión que tenemos de nosotros mismos se vería lastimada. Pero, si el deseo es satisfecho, comprendemos, por la alegría que nos produce —no exenta de cierto sentimiento de culpa—, que eso era lo que deseábamos, por ejemplo, la muerte de un familiar cercano del que somos herederos. A veces no sabemos lo que tememos realmente porque nos falta valor para ser plenamente conscientes de ello. De hecho, a veces estamos completamente equivocados acerca del motivo por el que hacemos o dejamos de hacer algo, hasta que algún accidente nos revela el secreto y nos hace comprender que el verdadero motivo no era el que pensábamos, sino algún otro que no deseábamos admitir... En algunos casos, esto puede ir tan lejos como para que un hombre ni siquiera adivine el verdadero motivo de su acción..."

Arthur Schopenhauer. 
El mundo como voluntad y representación.

domingo, 17 de junio de 2012

Despierta amigo, abandona la infancia (Parte II)


“... tanto para Descartes como para los escolásticos la esencia del alma consiste, principalmente, en conocer, o más bien, en un pensamiento abstracto que no precisa de imágenes, ni del mundo corporal, tal como le ocurre al conocimiento intuitivo, a cuya esfera pertenecerían el anima sensitiva, y el cuerpo, más no el alma. La voluntad sería considerada por lo tanto como un acto mental y quedaría identificada con el juicio (como sugieren Descartes y Spinoza). A mi modo de ver es justo al revés. La voluntad es lo primero y originario; el conocimiento hace mero acto de presencia y pertenece a la manifestación de la voluntad. Todo hombre es cuanto es, merced a su voluntad, posee originariamente su voluntad y su carácter, y el querer constituye la base de su esencia; el conocimiento se añade a ello y solo sirve para mostrarle lo que ya es. Se conoce a consecuencia y en conformidad con su voluntad. Para todos los demás pensadores, el hombre quiere a consecuencia de y en conformidad con, su conocimiento; le bastaría con reflexionar sobre cómo le gustaría ser, para serlo. Tal sería su libertad: el hombre sería su propia obra bajo la luz del conocimiento. Por el contrario, yo mantengo que ya es su propia obra antes de todo conocimiento y que, el conocimiento, sólo viene a iluminar esto. Por eso no puede decidir ser de tal o cual manera, pues no puede ser de otro modo, sino que lo es para siempre y luego ya conociendo cuánto es. Según ellos, quiere lo que conoce; en mi opinión, conoce lo que quiere”.

Arthur Schopenhauer. 
El mundo como voluntad y representación.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Despierta amigo, abandona la infancia (Parte I)


"En el espacio infinito existen incontables esferas luminosas y en sus órbitas, giran docenas de pequeñas esferas iluminadas por aquellas. Su núcleo caliente está cubierto de una corteza dura y fría, en esa corteza, una película mohosa ha producido seres vivos y pensantes. Esta es la verdad empírica, lo real, el mundo. 
Sin embargo, para un ser que piensa, es una situación precaria vivir en una de esas incontables esferas, flotando libremente en el espacio ilimitado, sin saber de dónde viene ni a dónde va, existir como uno de esos innumerables seres iguales que se amontonan, se empujan y trabajan duramente, sin descanso. 
Que nacen y mueren rápidamente, en un tiempo sin principio ni fin”.

Arthur Schopenhauer. 
El mundo como voluntad y representación.